Nictofilia. El gusto por la oscuridad en la ilustración de finales de siglo XX

“Nictofilia” explora, analiza e interpreta la obra gráfica de la última mitad del siglo pasado que le hizo ojitos a lo más turbio de la condición humana.

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2 de julio de 2013

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Otto Dix. Transpalantation. 1924

Otto Dix. Transplantation. 1924

“Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”, lapidaba Adorno. Pero más allá del encorsetamiento y la rotundidad, tal afirmación está cargada de una verdad irrefutable: todas las guerras han dejado su impronta en la creación y la cultura. Sin duda, Goya y sus Desastres de la guerra marcaron un precedente para los artistas venideros en cuanto a la capacidad  –y necesidad– de exorcizar demonios y desprenderse del terror y el asco que genera un conflicto bélico. La estela que dejaron ha estado indudablemente presente en todos los creadores a partir de los años cuarenta. Hasta tal punto se revolucionaron los pensamientos y valores que surgió obligada la necesidad de crear desde otro punto de partida y con otro propósito.

Con las guerras llegaron las migraciones y los exilios, globalizando las experiencias humanas. La Segunda Guerra Mundial acabó, pero la humanidad continuaba con el alma en vilo por la amenaza nuclear de la Guerra Fría. El fascismo seguía latente en muchas partes de Europa. La violencia y el miedo palpitaban democráticamente.

Jay Beildt. Amerika is devoring its children. 1970

Jay Beildt. Amerika is devouring its children. 1970

Seymour Chwast. War is madness. 1986

Seymour Chwast. War is madness. 1986

En ese estado es fácil imaginarse el grado de incertidumbre y desencanto que sentía la población.

Por consiguiente, muchos de los creadores se enfrentaron a ese aletargamiento y desorientación, poniendo sobre la mesa lo más molesto e incómodo de ver. “El pánico –escribe Arrabal, uno de los fundadores junto a Alejandro Jodorowsky y Roland Topor del Grupo Pánico– es la crítica de la razón pura, es la pandilla sin leyes y sin mando, es la explosión de ‘pan’ (todo), es el respeto irrespetuoso al dios Pan, es el himno al talento loco, es el antimovimiento, es el rechazo a la ‘seriedad’, es el canto a la falta de ambigüedad… Es el arte de vivir (que tiene en cuenta la confusión y el azar), es el principio de indeterminación con la memoria de por medio… Y todo lo contrario.»

Ronald William Fordham Seale. Hotel street Honolulu. 1965

Ronald William Fordham Seale. Hotel street Honolulu. 1965

Lejos del inicio de las vanguardias artísticas y del legado de todos los ismos, ciertos creadores, en torno a los años sesenta, encontraron nuevas formas de expresar, fruto de la liberación de la conciencia del surrealismo y del compromiso y la fidelidad emocional del expresionismo.

El radio de acción se había ensanchado y era el momento de desplegar sin miramientos todo lo relativo a la condición humana. Y esto incluía también la parte más fea.

El humor gráfico y el negro

A mediados de los años cuarenta, tras la estela del The New Yorker y sobre todo inspirado por Steinberg, nace en Europa una nueva forma de hacer humor gráfico.

No se trataba de explicar nada que no se hubiera dicho antes, si no de explicarlo desde otro lugar, sin miramientos en cuanto a respetar el decoro, las formas o la moral. Y se hacía sin escatimar medios, ya fueran técnicos o de lenguaje. Se empezó a saborear la idea de que en la creación todo podía valer. Pero a diferencia del expresionismo o del surrealismo, existía cierta preocupación por transmitir un mensaje, o por lo menos una sensación no tan etérea.

Saul Steinberg. Años 50

Saul Steinberg. Años 50

Chaval. 1950

Chaval. 1950

Jacques Sternberg, escritor y guionista y miembro del Grupo Pánico, lo describió de la siguiente manera: “Basado ya no en la astucia tosca, el juego de palabras o el chiste picante de antes de la guerra sino en lo insólito, el absurdo, el non-sense y lo fantástico (…) Pues a partir de los Steinberg, Addams, Partch, Chaval, Topor, Siné, Bosc, Gahan, Wilson, François, Steig, hemos comprendido que el humor gráfico, así como el otro, el literario, no se trata de un efecto técnico ni de una rutina secular, ni tampoco un desenlace de mucha farfulla, sino más bien una manera de ver, una visión interior, una forma de rodear el mundo y sus sucedáneos”.

Es interesante la expresión “rodear el mundo”, pues tiene que ver con la apropiación de cierto espacio personal y social, que aunque periférico, connota cierta idea de reconquista. Y también de cierto desencanto y resignación irónica al decir “el mundo y sus sucedáneos”.

A continuación nos explica su visión sobre ese tipo de humor que estaba surgiendo: “El humor es un arma de ataque, un grito de alarma en un desierto, una forma de desesperación, una sucursal del pánico y de lo insólito, el último peldaño, y este humor no tiene absolutamente nada que ver con el chiste de temporada, el humor picante familiar o el chiste de esquina (…) Están, pues, aquellos que hacen dibujo de humor y no caricatura”.

Stasys Eidrigevicius. 1973

Stasys Eidrigevicius. 1973

Tomi Ungerer. End. 1960

Tomi Ungerer. End. 1960

Steinberg, uno de las personas más influyentes en dicha revolución del humor gráfico, se definía como un escritor que dibuja más que como un dibujante. El decía que no dibujaba del natural sino “de la verdad” .

Y es precisamente esa mirada irónica, alejada de la apariencia –incluso de la realidad–, la que caracterizó el progresivo abandono de la idea de la caricatura tal y como se conocía hasta el momento.

El humor ha sido desde siempre una vía amable y ligera para poder colar verdades dolorosas como puños. Con su juego de contrarios (amor/odio, tragedia/comedia, mal gusto/refinamiento estético, universo onírico/realidad) sacude al espectador al despojarlo de toda idea preconcebida, desplegando y ensanchando así el abanico de aspectos que afectan a la condición humana.

También la economía de medios y la pregnancia de la publicidad gráfica y el cartelismo impulsaron un tipo de ilustración más gráfica, más directa y con menos elementos superfluos. Desde esa desnudez y lejos de cualquier formalismo barroco, el impacto racional que generan algunas obras de Roland Topor, Tomi Ungerer, OPS, Edward Gorey, Stasys Eidrigevicius, Roman Cieslewicz, Jiri Salamoun, Federico Castellón, entre otros, es ciertamente desconcertante. Y lo son porque no dan tregua ni excusas al espectador: no lo disfraza ni maquilla con nada. Ni siquiera un cierto grado de humor sirve para atenuar la conmoción. Es más, el hecho de que una obra perversa pero satírica te arranque una sonrisa agrava aún más el acto de verse a uno mismo cómplice de una escena atroz. El humor negro pretende tomar cierta distancia en lo relativo al cómo, pero no al qué. Reírse es aceptar que existe una patología común.

La belleza y la verdad

Jiri Salamoun. 1982

Jiri Salamoun. 1982

“Lo bello es el esplendor de lo verdadero”, lapidaba Platón. Pero ¿qué es la verdad? Según la Real Academia de la Lengua, verdad significa ‘conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente’. Si partimos de que se están representando ideas y estados de ánimo –y es precisamente eso lo que emana e irradia la obra en cuestión–, nos estaríamos engañando al decir que no hay verdad en ella, aunque no sintamos empatía. Ni siquiera aunque el autor no lo haya creado bajo el influjo de ese estado mental o emocional. La obra, en este sentido, es autónoma una vez ha sido creada. Habla por sí misma, y su discurso –por muy polivalente y ambiguo que sea su interpretación–, siempre es el mismo. Así pues, podríamos afirmar que, al contemplar una imagen, verdad no es sinónimo de real. A propósito de esa ambigüedad, Baudelaire decía que “La Belleza es un monstruo enorme, espantoso, ingenuo”.

Esa búsqueda de la belleza es lo que la humanidad y sus artistas han estado persiguiendo durante todo este tiempo.

OPS. 1968-1980

OPS. 1968-1980

La belleza, desde mi punto de vista, se puede  también entender como un estado mental que celebra haber sido activado, de la misma forma que la felicidad no tiene que pasar siempre por un estado anímico. Bataille decía que “La felicidad racional, en definitiva, se convierte en la negación de la felicidad, ya que la felicidad de la embriaguez es el principio de la desgracia”.

La felicidad y la celebración

El mismo Bataille afirmaba que “La descripción de la felicidad aburre”.

Al contemplar una representación inteligente y ficticia de la tristeza o de la crueldad, sentimos un cierto alivio que nos permite por un momento descansar y relajarnos en nuestros esfuerzos de pretender ser felices y de hacer felices a los demás. Es el plácido silencio de un cementerio.

Roman Cieslewicz. 1950

Roman Cieslewicz. 1950

Brad Holland. Ilustración para The New York Times. 1978

Brad Holland. Ilustración para The New York Times. 1978

Y todo esto se da más allá del gusto por una estética mórbida. Es la celebración de saberse vivo al poder estar mirando la muerte, de aceptar la enfermedad –tanto real como figurada– para poder valorar la salud. Contemplar al monstruo es reconocer y domesticar la contradicción humana.

Las pulsiones y la moralidad

“Un samurai jamás necesita prometer, porque para él decir y hacer son una misma cosa”, escribió Hagakure Yamamoto. Pero a diferencia de la vida modélica y templada de los guerreros espirituales, el ser occidental está compuesto por moléculas de muy diversa calaña. Aunque por suerte dispone de espacios donde poder dar rienda suelta a sus pensamientos y pulsiones menos populares. La gracia del amor platónico es la no consumación, de la misma forma que los sueños y las fantasías funcionan como válvulas de escape de nuestra consciencia, pues son lugares alejados, primero de la realidad, y segundo –y lo más importante– de la moralidad.  Pero también lo son nuestros pensamientos y sentimientos. Siempre y cuando no se conviertan en acciones.

Roman Cieslewicz. 1950

Roman Cieslewicz. 1950

En los sueños todo está permitido, porque a malas, podemos pensar y hacer creer que no son más que símbolos, que no es real. Lo cierto es que no hay realidad en ello, pero sí verdad. De la misma forma que cuando se nos pasa un pensamiento perverso por la cabeza, por muy fugaz que sea y por más que queramos y debamos reprimirlo, ha sucedido.

El problema viene cuando hacemos público ese pensamiento.

Federico Castellón. Mask od red death. 1969

Federico Castellón. Mask od red death. 1969

Federico Castellón. Remorse. 1940

Federico Castellón. Remorse. 1940

Dibujarlo es decirlo con otra voz. De igual modo que es el dramaturgo el que habla a través del actor que a su vez lo hace desde el personaje que está representando, el dibujante nos cuenta a través de la simbología. Por muy explícita y carente de código que sea ésta, pues no todo viene envuelto en ese velo onírico. Al hacerlo, el dibujante sale de su trinchera y se expone en un acto de exhibicionismo, aunque no sea su cuerpo. El dibujante nos muestra, a veces desde el erotismo y a veces desde la más absoluta pornografía, un instante de sus órganos vitales. Aunque ese órgano sólo sean sus ojos y lo que perciba sea completamente ajeno a él. Y es eso: un instante. Como aquel pensamiento perverso y fugaz que recorre nuestra mente, el autor detiene el tiempo en ese instante y explora ese objeto mediante el retrato.

Y al hacerlo, al ponerlo sobre un papel, toma distancia con él. Lo reconoce como hijo legítimo, aunque no lo quiera cerca. Y lo más importante: al tratar de concretarlo desde la estrategia construye un universo propio donde el espectador encuentra algún interés, y puede que un reflejo de sí mismo. En otras palabras: sabe explicar su pena mejor que lo hacen sus lágrimas.

Stasys Eidrigevicius. 1973

Stasys Eidrigevicius. 1973

Roland Topor. La ménagerie. 1977

Roland Topor. La ménagerie. 1977

Aquí y ahora qué

“Un cambio profundo se opera. La Belleza cede frente a la Fealdad y la atracción hacia la Fealdad se convierte en el fenómeno indiscutible de los siglos xix y xx”, escribía Lydie Krestovsky en su libro El problema espiritual de la Belleza y de la Fealdad.

Agradecimos estamos de que así haya sido. Pues los patrones de Belleza –así en mayúsculas, como lo escribe ella–, son tan volubles como la moda. Si los artistas no se hubieran atrevido a desafiar los cánones estéticos, la historia del arte y la historia a secas no habrían evolucionado de la forma que lo han hecho.

Heinrich Hoffman. Der Struwwelpeter. 1876

Heinrich Hoffman. Der Struwwelpeter. 1876

Roland Topor. 1978

Roland Topor. 1978

Una vez se ha transgredido todo lo posible surge la siguiente pregunta: ¿Y ahora qué?

En pleno siglo xxi, cuando los límites morales están, aparentemente, bien ensanchados; cuando no hay nada, aparentemente, más transgresor que las campañas de publicidad, cuando, aparentemente, la rebeldía está institucionalizada; cuando el individuo, aparentemente, es el epicentro de la sociedad y cuando ya nada impacta más que ciertos videos brutales de Youtube…

¿Cuanta muerte hay en las calaveras estampadas sobre las corbatas que vende H&M? ¿Qué significan, exactamente, todas esas calaveras? Finalmente hemos adaptado las formas y las hemos despojado de cualquier intención que no sea la puramente estética. Hemos trasladado la simbología del terror a la representación fidedigna de una realidad terrorífica. Nos aliviamos y nos recreamos en nuestros instintos más predadores disparando en videojuegos que recrean con pelos y señales la realidad.

El impacto de las imágenes se reduce a un formalismo escabroso: sangre, calaveras, culos y tetas. Apariencias.

Si desde mediados del siglo pasado ha habido un conflicto de valores, en este nuevo hemos aprendido a vivir con ese vacío. Tal vez el reto del artista en el siglo xxi sea el de agitar las conciencias desde un lugar menos escabroso pero más mordaz, si cabe.

Roland Topor. Céline, voyage au fond de la nuit. 1984

Roland Topor. Céline, voyage au fond de la nuit. 1984

Corrección ortotipográfica realizada por Marta Capdevila.

Riki Blanco
Riki Blanco
Desde el 2000 ha ocupado su tiempo en el ámbito de la ilustración editorial, prensa, animación, ebooks y derivados. Compagina dicha actividad con la docencia y otras actividades de riesgo.

2 comentarios

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  1. He leido Nictofilia. El gusto por la oscuridad en la ilustración de finales de siglo XX — Crean con mucho interes y me ha parecido ameno ademas de facil de leer. No dejeis de cuidar este blog es buena.

  2. Querido Riki ¿eso es un original de Ungerer? si la respuesta es sí, vigila tus espaldas, una mano larga te acecha, jajaja [léase con tono del temido MAD]. Si la respuesta es no, sigo igual de fascinada que si fuera sí. En cualquier caso, un artículo estupendo.

    Petonets